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  • Foto del escritorVanya Thais

¿Y el pueblo?

Actualizado: 27 dic 2021

26-12-2021 ContraPoder Diario Expreso


Rosa Silva vive en una comunidad llamada "Las Minas", cerca de la Ciudad Sagrada de Caral. La señora de casi 60 años carga a cuestas dos costales con tunas y pacae, que espera vender en Supe para poder comprarle un juguete a su hijo por navidad. La distancia hasta Supe marca aproximadamente 40 minutos en auto, desde el desvío de la atracción turística. Le ofrezco llevarla, sube a mi carro, conversamos un poco. No me quería imaginar a la señora llegando a Supe por la noche con sus costales a cuestas, habiendo caminado 27 kilómetros. Su intención era llegar al puesto de salud del SIS más cercano.



A mitad de camino vimos el letrero de un puesto de salud. Le pregunté por qué no iba a ese, que estaba lógicamente mucho más cerca que el de Supe. "Ahí no hay atención, señorita. Solo vienen por días y ponen inyecciones". Solo el puesto de salud de Supe puede atenderla. Seguimos avanzando. Le pregunto por su condición, por el problema de salud que tiene. Tiene un problema en la zona lumbar de la columna y le han dicho que posiblemente tenga la vesícula dañada. Ha agendado una radiografía para febrero y una ecografía para marzo. Se queja del alcalde. "Ese señor promete y promete como siempre. Siempre hacen eso los políticos, pero al final nadie ayuda al pueblo". Le pregunto si los privados ayudan en algo, me dice que no sabe, porque a ella le han dicho que ellos quieren secar el agua. "Las agrícolas quieren secar el agua por acá, nadie ayuda al pueblo, solo el pueblo". Para este momento, como no es novedad, yo estaba pensando en aquel individuo que ocupa Palacio y también repite la palabra "pueblo" como si a la tercera fuera a aparecer un genio. Tuve que hacer la incómoda pregunta: "señito, ¿usted votó por Pedro Castillo?". "Sí, pues", dijo muy triste. "Siempre engañan al pueblo. Él dijo que iba a trabajar para el pueblo pero no ha venido nunca, el covid no llega acá, pero tampoco la medicina. Prometen cosas, roban no más". Yo la estaba escuchando atentamente, porque no solo se le veía desesperanzada, sino resignada a que las cosas jamás cambiarían. Me repetía que "solo el pueblo ayuda al pueblo", pero yo no terminaba de comprender a qué se refería. "¿Quién es "el pueblo", seño? Entiendo que se refiere a que es un trabajo de toda la comunidad". En efecto, parece que es una comunidad organizada que busca resolver los problemas que aquejan a la gente, pero por supuesto, con un fin político. Resulta que las agrícolas habían ofrecido ayudar con agua no solo a su comunidad, sino a varias del valle, pero para variar, se encontró un obstáculo común: la burocracia estatal. Ya sabemos que esto se repite mucho en diferentes sectores (minería, pesca, agricultura, etc.): el empresariado quiere hacer obras por impuestos pero cuando esto llega al Gobierno Regional correspondiente, se les niega hacerlo. Si no lo niega dicha entidad, lo observa la Contraloría o viene la Autoridad Nacional del Agua a pedir mil estudios de impacto ambiental, dos certificados y tres superpoderes. Esto sin mencionar que, como es lógico, han pedido que llegue la banca, la línea telefónica y otros servicios al pueblo de Caral, por ser zona turística. "No ha llegado ni el yape acá, en Supe no más hay". Nada de esto es coincidencia. Lo que se pretende hacer es que las obras caigan a cuentagotas, por supuesto, para gloria de la Municipalidad y el Gobierno Regional. A la ultraizquierda empobrecedora no le interesa el bien "del pueblo", sino llevarse el crédito y una buena tajada del pastel. Pero eso no era lo peor del caso. Según lo que la señora me contaba, la acumulación de basura le preocupaba muchísimo, porque hasta habían querido dejar basura en la puerta de su casa. "Ahí planto mi frutita, pero con las moscas que vienen por la basura, hay que estar fumigando y no hay… porque ni el bono me ha tocado. A muy pocos en la comunidad le ha tocado". Hasta ahora me cuestiono si mi reacción fue muy evidente. No mostré extrañeza, sino cólera. El estado de pobreza de algunas familias cerca a esa zona es realmente extremo. "Pero su amigo el gordo de la plata del water se roba el dinero del pueblo", me dijo la señora molesta, refiriéndose a Bruno Pacheco. Recordé entonces la cantidad de gente que recibió bonos dobles, los que devolvieron el dinero porque no lo necesitaban. ¿Es que estás personas son invisibles para estos comunistas y caviares? Sí, claro, no debí dudarlo ni un segundo. Está mal suponer que el caviar tiene alma o que el comunista busca bienestar. La empresa privada también había buscado que se retire la basura que hay en la zona arqueológica, que llega ahí de varias comunidades, pero (sí, suponen bien), las autoridades de este Estado gigante, desestimaron la propuesta por el capricho de seguir dejando problemas que nunca van a poder resolver, pero que eternamente "intentarán trabajar". Parece que la civilización más antigua de América tiene valor para los documentales de la BBC, History y NatGeo, pero no para las autoridades peruanas. Hace algunos meses leíamos que Ruth Shady, quien descubrió esta Ciudad Sagrada, estaba bajo amenaza de traficantes de terrenos que invadían la zona de exploración y por eso decidió no vovler por un tiempo (que se prolonga hasta el día de hoy). El pueblo sigue sin servicios, bancos, postas y facilidades. La señora y yo concluimos lo que a estas alturas ya todos sabemos: no más pobres cándidos, en un país de comunistas ricos.

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