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  • Foto del escritorIván Adrianzén

La encrucijada de Dina

ContraPoder (Diario Expreso) - 11/06/2023


Las repúblicas democráticas a través de la historia han fracasado según los historiadores cuando estas quedaron expuestas a sus propias debilidades, cuando han sido sometidas a confrontaciones de ideas extremas e irreductibles que olvidaron el significado de nación aún cuando dijeron actuar en nombre de ella. Esas fuerzas diferentes y antagónicas ya sea políticas, económicas, internas y externas, más el copamiento sistemático de sus instituciones por grupos corruptos e ideologízados que sirvieron solo a sus intereses serían la causa del descrédito de la democracia como sistema. Esas democracias en crisis cayeron en manos de regímenes totalitarios que ofrecieron soluciones radicales disfrazadas de esperanza y capitalizaron el descontento popular.



La república de Weimar en Alemania (1919) que dio paso a Adolf Hitler y la dictadura nazi, la II república en España (1936) que desencadenaría la guerra civil y el ascenso al poder de Francisco Franco, el Chile de Allende (1973) ocasionó el golpe de estado de Pinochet, la crisis política de Venezuela permitió el encumbramiento de Hugo Chavez (1999) y la revolución bolivariana. Son ejemplos que la historia nos recuerda.


Desde el fallido intento de golpe de estado del ex presidente Castillo, nuestro país y su débil democracia ha sido asediada por una izquierda extremista que ha utilizado medios terroristas para poner en jaque al nuevo régimen, esa misma izquierda violentista no reconoce la transición democrática y deslegitima el gobierno de la señora Dina Boluarte por los muertos (66) acaecidos en las jornadas del mes de enero. No hay duda que esos hechos deben ser investigados, ya sea el accionar de las fuerzas armadas como también los oscuros operadores que convocaron a dichas acciones que quebraron la estabilidad del país, y que hoy se victimizan. Tomar aeropuertos y vandalizar empresas no es una protesta legítima


En seis meses los peruanos hemos sido testigos de muchos errores y de pocos aciertos de una presidenta que llegó al poder cuestionada por su pasado cercano y por sus acciones cuando fue parte del gobierno de Castillo. Para ella no hubo tregua política, la sucesión de acontecimientos desnudaron el poco manejo político que tiene del estado, no respaldó a las fuerzas armadas y no denunció ni se desmarcó de sus antiguos aliados políticos deslindando de ellos. El sentir generalizado de la población es la inacción total de su gobierno, el ciudadano de a pie, aquel que va al mercado y encuentra que todo sube, el mismo que sufre el flagelo de la delincuencia y la inseguridad, el ciudadano que ha sufrido las inundaciones que trajo un huracán, y que ahora sufre la amenaza de la llegada del niño costero y la epidemia del dengue, se siente desprotegido, no representado.


Dina Boluarte solo trata de maquillar la realidad para sobrevivir y llegar al 2026 con un régimen impopular y aislado internacionalmente por su propia incapacidad.


Hoy la izquierda intenta contarnos una nueva versión de los hechos, radicaliza su posición y va en busca de tomar el control del congreso, mientras se convoca a nuevas marchas para tomar la capital. La derecha no se pone de acuerdo, se pierde en la marisma de sus intereses partidarios y mercantilistas. No habrá adelanto de elecciones, el desacreditado congreso no puede vacarla, no cuenta con los votos necesarios.


El 75 % de la población desaprueba su gobierno y muchos de ellos cuestionan la democracia, quieren mano dura, objetivos y planes de gobierno.


La historia nos enseña que el descrédito del sistema democrático trajo peores soluciones que terminaron con las libertades y el desarrollo de otras naciones.


Urge que la señora Boluarte se decida a gobernar, esa es su encrucijada.


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