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  • Foto del escritor Verushka Villavicencio Vinces

Necesitamos un Plan Nacional contra el Alzheimer

Según la Organización Mundial de la Salud para el 2050 habrá 139 millones de personas en el mundo con Alzheimer. Lo que hoy es un problema de salud pública se traducirá en un desborde en los sistemas de salud que todavía no están preparados para enfrentar esta enfermedad.  



El Alzheimer es una de las causas más frecuente de demencia en los adultos mayores. Según cifras del Congreso denominado “Davos Alzheimer’s Collaborative (DAC)”, 3 de 4 personas con demencia no son diagnosticadas ni tratadas cada año en el mundo. El costo de la demencia cuesta a la economía mundial 1,3 billones de dólares. Los expertos en esta materia que asistieron al evento forman parte de una asociación global de organizaciones contra el Alzheimer con estudios que cuentan con evidencia científica.

Facundo Manes, neurocientífico, emprendedor, docente y fundador del Instituto de Neurología Cognitiva refiere que “sabemos que cada 3 segundos hay 1 persona en el mundo diagnosticada con esta condición y hoy afecta a 1 de cada 8 personas mayores de 65 años. El número de pacientes se está duplicando cada veinte años”

Pero asociada a esta enfermedad se ubica la afectación que sufren las familias dentro de las cuales, generalmente un miembro se convierte en responsable del cuidado del adulto mayor con Alzheimer. Esta situación genera en el cuidador sobrecarga de trabajo, disfunciones familiares y síntomas psiquiátricos asociados al estrés en el desarrollo de este cuidado, enfatiza Manes. Adicionalmente, los ingresos familiares se afectan porque muchos deben dejar de trabajar para asumir esta responsabilidad.

En el Perú, el 03 de mayo según el Decreto Supremo N°001-2024-MIMP se estableció el programa Gratitud que asistirá a los Centros Integrales de Atención al Adulto Mayor, gestionados por gobiernos regionales y locales. Una de sus funciones es capacitar al cuidador del adulto mayor brindándoles herramientas para el día a día.



Pero este abordaje implica solamente acciones para atender la enfermedad, no obstante, es necesario adelantarse a contrarrestar los factores de riesgo que la provocan. Si se lograse identificar el Alzheimer en su etapa inicial, se pueden aplicar drogas que modifiquen la biología del cerebro para retrasar su aparición. “Proteger las neuronas intactas es un objetivo más importante que reparar las neuronas ya dañadas. Retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer es un paso importante. Si su aparición se pudiera retrasar 5 años, se reduciría aproximadamente a la mitad el número de personas enfermas en 30 años”, sostiene Manes.

Sucede que la detección del Alzheimer se produce en fases avanzadas cuando la medicación sólo logra ganar tiempo al deterioro progresivo de las neuronas. En ese sentido, tanto el desarrollo de estilos de vida saludables como la detección temprana son claves para frenar la aparición de la enfermedad.

Entonces, a nivel de políticas públicas es necesario el diseño e implementación de un “Plan Nacional contra el Alzheimer” que convoque a las asociaciones de profesionales de la salud, organizaciones no gubernamentales, familiares y cuidadores junto a los ministerios con responsabilidad en la salud, educación y empleo. El plan podría contener las siguientes líneas de acción:  investigación en salud; educación para prevenir la aparición de la enfermedad; sensibilización y concientización para toda la población contra la estigmatización de esta condición; capacitación a profesionales, cuidadores y familiares; contención a los cuidadores y familiares y, finalmente, la adaptación de los servicios de salud públicos y privados para atender esta enfermedad.



Esta agenda de salud contendría dos entradas para la implementación: promoción de la salud para un envejecimiento saludable y la atención de los adultos mayores, con especial énfasis en aquellos que se encuentren solos, en condición de desprotección.

El Alzheimer es una oportunidad para demostrar que somos más fuertes que el deterioro cognitivo que produce en el cerebro de las personas que amamos. Cada día se puede construir con creatividad nuevas medidas para lograr que el amor se perciba en el abrazo, la caricia y la mirada, para que el recuerdo del corazón se imponga a la pérdida de la razón. Más allá de los planes, programas y servicios, algo que sólo se aprende cuidando a adultos mayores, es el servicio fiel. Tal vez los servicios al ciudadano serían más humanos si cada profesional fuera capaz de trasladar este aprendizaje del corazón a la razón.




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