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La poesía combativa de Magdalena Rayo: esperanza, lucha y determinación

Actualizado: 4 feb

MAGDALENA RAYO


Nicaragua. Escritora sin libros publicados, y hasta recientemente inédita en revistas literarias. Vive, como dice ella misma “alejada del mundanal ruido, pero consciente de lo que ocurre más allá del ruido”. Parca en cuanto a su biografía, quiere que sean sus poemas los que hablen por ella.





Epigramas


I


Cuánto diera por no volver a oír 

el chillido de zancudo

de la mujer del déspota

que a mediodía se cuela

como molesto Anófeles

diciendo un revoltijo de tonteras

en cadena nacional


y ni un solo día del año

nos deja en paz.



II


Quien no conociera al anciano dictador

que hace alarde de simpatía

en la inauguración de buses Yutong

llegados de la China

y que apenas puede subirse al bus

rotulado con su nombre y el de su mujer

en letras luminosas

y lo viera sonreír insulsamente

y comentar nimiedades

mientras conduce un trecho y saluda al público 

como niño con su juguete nuevo


no diría que es un genocida y pederasta,

por años violador de su pequeña hijastra.




III


Que el dictador persiga con saña

a poetas y profetas es entendible:

los poetas dicen mucho en pocas palabras

los profetas con su elocuencia dicen mucho


Mientras él, por más que habla y habla,

nada dice.


IV


Ya no se estudia la historia del país en las escuelas


Solo la vida histérica e histriónica

de la mujer del déspota y del déspota.



Celebración en Nicaragua

por Sheynnis Palacios, Miss Universo



Con mis ojos lo vi     Nadie me lo ha contado


El desborde absoluto de alegría en las calles


Y aquí mismo en mi barrio     Donde el temor

hace tiempo que anida


La gente olvidó de pronto sus recelos

y en un solo abrazo de dicha se fundieron


Vi cómo bailaban     Cómo reían 

Las lágrimas mezclándose con los cantos y bailes

y en el aire de la noche     las banderas

volando hasta el amanecer


como bandadas de pájaros

sobre las avenidas     sobre las carreteras

pintando de azul y blanco todo el país


Esto vi     Y mucho más todavía

es lo que sé que vendrá     Porque la déspota

mujer del dictador mostró su rabia     que es terror

de una joven humilde nacida del pueblo


Y es solo una muchacha que ha deslumbrado al mundo

por ser brillante y bella y amar a su país


Pero la anciana autócrata vio la alegría irrestricta


de la gente celebrando el futuro que sueñan 

radiante como la juventud de la muchacha


Y su amargado corazón 

se estremeció de furia

como —hace ya mucho tiempo—

el de otro tirano ante otra muchacha.





Acto público en la plaza


   sobre un poema de K. P. Kavafis


Convocados para un acto público 

del dictador senil y su familia

los subalternos acuden a la plaza 


Mientras beben y bailan

soportan muchas horas bajo el agobio del sol 

a que caiga el crepúsculo     hasta que arriban

el déspota y su déspota mujer 

en un Mercedes Benz acorazado 

que los esbirros de a pie

custodian con sus vidas

 

De la carroza blindada surgen los ancianos

(ella de colorines     él de gorra beisbolera)

a recibir las venias, lisonjas y pleitesía

de la fila cortesana en el proscenio


Con fanfarria de himnos y canciones

en el pomposo escenario cundido de banderas

y abigarrado de flores y plantas tropicales

da comienzo la farsa aburridísima


El público ya sabe que el tirano

depende de lo que su mujer le va diciendo

para hilar las palabras de su lento discurso


pero aguantan el tedio     las dilatadas pausas

vivando las tonterías del cansino orador

aplaudiendo disparates

y el lugar común       


Acabada la perorata inconexa y soporífera

se retiran los cortesanos a burlarse en privado


La multitud se dispersa     Regresan a sus lugares

bien sabidos del teatro y vacuo palabrerío 

al que deben asistir regularmente

como espectadores obligados.


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