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  • Foto del escritorAndrea Narváez

Del discurso de odio a la madurez política

30/04/2023 - ContraPoder (Diario Expreso)


Cuando hablamos de discurso de odio es fundamental precisar que esta acción puede provenir de cualquier extremo ideológico. El discurso de la intolerancia y la persecución siempre ha estado presente en la historia. Podemos recordar algunos episodios como El Holocausto, donde se asesinó de manera sistemática a casi seis millones de judíos, el genocidio camboyano perpetrado por los Jemeres Rojos del Partido Comunista de Kampuchea o las diez persecuciones cristianas en la antigua Roma iniciadas por Nerón y seguida por los otros emperadores que diezmaron a miles de personas.



El discurso de odio es muy peligroso ya que puede conducir a la marginación, violencia y otras formas de opresión contra grupos o individuos, creando una atmósfera de miedo y exclusión que socava la cohesión y tolerancia social. El ataque se realiza de manera sistemática, es decir, sigue un conjunto de procedimientos dirigidos por una cabeza o conjunto de cabecillas que tienen el objetivo de denigrar o desaparecer a un grupo determinado de personas, manipulando medios de comunicación, instituciones, entre otros. Se manifiesta de muchas maneras e incluye insultos, amenazas, burlas y puede conducir al exterminio.


Algunos países cuentan con leyes específicas que prohíben el discurso de odio, mientras que otros abordan esta cuestión a través de las leyes de difamación o leyes contra la incitación a la violencia. En muchos casos el discurso de odio se considera un delito penal y puede dar lugar a multas o penas de prisión. En los Estados Unidos, por ejemplo, la Primera Enmienda de la Constitución protege la libertad de expresión, pero la Corte Suprema ha reconocido que el discurso de odio no está protegido por dicha Enmienda. En Europa sucede algo parecido, es el caso de Alemania donde existe la ley de prohibición de símbolos y organizaciones nazis. En Reino Unido, el discurso de odio es considerado como una ofensa penal, existe una ley que prohíbe el ataque debido a la raza, religión, orientación sexual, discapacidad o nacionalidad, ya sea en persona o por medios digitales.


En Perú tenemos un claro antecedente de incitación a la violencia política que fue promovido por Sendero Luminoso en los años ochenta y que posteriormente se consumó con actos terroristas. Asimismo, el discurso de odio también ha estado presente en los partidos políticos de los últimos gobiernos. El debate de ideas se convertía en un ataque personal, donde la denigración ya era un asunto cotidiano. El enfrentamiento feroz entre grupos políticos desfiguraba todo debate alturado, la acción y reacción de las partes cada vez se alimentaba de violencia física y verbal.


Estos sucesos deben llevarnos a reflexionar sobre la importancia de trazar límites entre la libertad de expresión y el discurso de rencor. El hecho de expresar desacuerdo no significa la promoción de odio, es natural manifestar discrepancia porque es parte del pluralismo, pero este hecho no debe extenderse más allá, es decir, se debe evitar todo ataque cargado de denigración, violencia y hostigamiento. Nuestro país necesita madurez política para tratar sus asuntos y no solo a nivel partidario sino también a nivel general. Nuestra sociedad tiene que abandonar esas conductas violentas que se han reforzado en los últimos años a través de las redes sociales, donde ha quedado registrada una batalla de odio deshumanizante entre peruanos.


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