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  • Foto del escritorDiego Adrián Reinoso Flores

Reminiscencias de la Guerra Fría: El Regreso de la Amenaza Nuclear

Han transcurrido 33 años desde el fin de la Guerra Fría, posiblemente el periodo histórico más estudiado por los interesados en las relaciones internacionales, sobre todo por el desarrollo de políticas de competencia económica, aeroespacial, diplomacia y armamentista.



Sobre esta última, recordemos los momentos de tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, mientras la población mundial observaba la inminencia de la hecatombe nuclear. Para buena suerte, la Guerra Fría terminó, pero algunos de sus elementos característicos retornan al contexto global. En este artículo, exploraremos cómo la situación actual refleja un paralelismo entre las tensiones que el mundo padeció durante los 46 años de la Guerra Fría, específicamente el retorno de la opción nuclear ante esta nueva carrera armamentista.

El mundo recuerda vívidamente las tensiones de la Guerra Fría en su etapa más álgida: días atrás, en La Habana, atracó una flotilla rusa acompañada por un submarino nuclear, a tan solo 144 km de costas estadounidenses. Inmediatamente, esta situación nos recordó la crisis de los misiles de 1962 que casi desata una guerra entre las dos potencias. Por su parte, Estados Unidos envió un submarino nuclear a la base de Guantánamo y un buque canadiense arribaba a la isla. 

Algunos meses atrás, mencionábamos el posible inicio de una nueva guerra fría y del inicio de una carrera armamentista entre los socios de la OTAN. Hoy no caben dudas, el retorno de la guerra fría es inminente o al menos la proliferación nuclear nos hace considerar esta idea. Las armas nucleares son mencionadas por la mayoría de analistas en seguridad y geopolítica y actualmente observamos los preparativos para habilitar los arsenales nucleares a su máxima operatividad desde el fin de la Guerra Fría. 

Según el último informe de la ICAN (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons), el gasto mundial de armas nucleares creció un 13,4% en 2023, un año caracterizado por el surgimiento del conflicto en Gaza y el recrudecimiento de los enfrentamientos en Ucrania a consecuencia de la invasión rusa. Esta cifra es alarmante, ya que confirma el inicio de una carrera militar a escala atómica y el aumento en el gasto militar parece generalizarse entre los 9 países poseedores de armamento nuclear confirmado.

Estados Unidos lleva la delantera del gasto nuclear y posee la mayor capacidad de arsenal atómico, gastando poco más de 51 mil millones de dólares en su arsenal nuclear, seguido por China con más de 11 mil millones de dólares en armamento atómico. No son los únicos, Rusia e Israel habrían invertido cuantiosas sumas en armas nucleares, situación que pone en alerta a los organismos internacionales, al ser estados beligerantes en conflictos que marcan la actual agenda internacional. 



Según el informe de la ICAN, el gasto en armamento nuclear ha crecido en un 34% con respecto a las cifras que arrojaba en 2019. El mundo está en camino a un cambio de las dinámicas de poder, tal es así, que también se ha visto en aumento las cifras de armamento nuclear disponible. En recientes declaraciones para el Telegraph, Jean Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ha manifestado que la alianza militar seguirá siendo una alianza nuclear y que realizan consultas para habilitar una mayor disponibilidad de armamento nuclear con fines de disuadir a sus adversarios.

Según cifras de SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), un poco más de 3,904 ojivas nucleares se encontraban desplegadas para su uso inmediato en enero de 2024, un crecimiento de 60 ojivas nucleares frente a las mediciones de 2023. Esto responde a que las potencias con armamento nuclear ven una alternativa para salvaguardar sus intereses, preservar su seguridad y ganar influencia en un contexto internacional de gran tensión. Wilfred Wan, director del Programa de Armas de Destrucción Masiva del SIPRI, declaró que no habían visto un papel tan destacado de las armas nucleares desde la Guerra Fría.

El fracaso de las políticas anti-armamentistas nucleares es evidente, y el mundo empieza a vivir nuevamente la competencia atómica de las potencias que buscan preservar sus intereses, mientras nos recuerdan las amenazas de la Guerra Fría, manteniendo la idea del apocalipsis nuclear de desatarse un enfrentamiento. El diálogo no debe postergarse: estas acciones nos demandan la búsqueda de canales diplomáticos, que permitan encontrar consensos, acuerdos que fomenten el estrechamiento de relaciones de interdependencia entre las potencias nucleares y los estados sin armamento nuclear, con la finalidad de alcanzar una salida alternativa ante el inminente retorno de la amenaza atómica. 


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