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  • Foto del escritorSol Pozzi-Escot

Radiografía de un cine diverso

¿Cómo clasificar el cine peruano? Digamos, en términos generales y en un primer momento, que en nuestro país existen dos tipos de cine. El que vale la pena, y el que no. La primera categoría se compondría de aquellas películas que no solamente recogen, a través de la creatividad de un director y de su equipo, elementos identificables de la realidad peruana, reconocidos como verdaderos por la mayoría, sino que también, justamente a través de la misma creatividad artística, aporta nuevas aristas y nuevos aspectos a lo que es nuestra identidad cultural como país. Podemos citar, dentro de esta categoría, desde las películas de Armando Robles Godoy, hasta, para citar ejemplos más recientes, conocidas cintas como La Teta Asustada, o incluso Willaq Pirqa, que a pesar de ser relativamente nuevas-sobre todo la primera, que salió en 2009, y la segunda, que salió hace tan solo dos meses- ya son reconocidas por el público como parte intrínseca de nuestro panorama cinematográfico.



Dentro de la segunda categoría, es decir, aquellas películas que no valen la pena, se ubican aquellas cintas que solo buscan reflejar estereotipos y clichés atados a una época, una década, un año, un mes en particular, para de esa manera lucrar en función a lo que está de moda. No voy a citar ejemplos precisos de películas de esta categoría, porque no quiero resultar ofensivo con lo que finalmente es el esfuerzo de un equipo de producción, pero creo que todos sabemos de qué películas estamos hablando. Una de ellas incluso, viene liderando la cartelera en estos momentos.


Si queremos profundizar en nuestro análisis, podemos encontrar un eje de clasificación en la conciencia política y social de las películas. Para eso, hay que precisar, que una película tenga algún nivel de conciencia política no significa que sea buena. Sin embargo, hay que admitir, que películas como La Revolución y la tierra- aunque en sus últimos minutos se vuelve un panfleto velasquista- es infinitamente superior a otras películas que pretenden tener conciencia política, pero que finalmente no tienen valor cinematográfico alguno-y acá sí voy a citar- como La Hora Roja, un triste intento de película grabada en falso plano secuencia que funciona como una suerte de advertencia sobre los terrores del comunismo. ¿Qué es lo que hace que una película con conciencia política y social sea buena y otra mala? Pues la creatividad del equipo artístico que la sostiene, la originalidad con lo que aporta algo valioso, en otras palabras polémica, al discurso público. ¿La prueba? Casi 4 años después del estreno de La Revolución y la Tierra, todavía se sigue polemizando sobre esta cinta, mientras que La Hora Roja solo sirvió para hacer memes que se extinguieron una semana después de su anuncio-la verdad es que ni sé si la película se llegó a estrenar o no-.


Sigamos reflexionando sobre la conciencia política. Esta se encuentra en muchas cintas nacionales, aunque a primera vista no sea evidente. Podemos citar, en ese sentido, la recordada Mañana te cuento, historia de un grupo de jóvenes de clase alta limeña que se preparan para hacer debutar sexualmente a uno de sus amigos, para lo cual contratan prostitutas. Lo que podría parecer una historia banal, casi calcada del cine adolescente norteamericano, es finalmente un fiel retrato de los traumas, obsesiones y pasiones de los jóvenes de un grupo social, regidos por estándares sociales que eran válidos en el 2005, año de estreno de la película, pero también lo son hoy y lo fueron hace 50 años, y probablemente lo serán en 50 años más.


Existen, de la misma manera, películas que no poseen ningún nivel de conciencia política o social, que funcionan como cine palomitero que no apunta a dejar ningún tipo de huella en la conciencia del espectador, sino solo busca entretener. Algunas lo logran, otras no.


Llegamos así a otro eje clasificatorio. La capacidad de entretener. En tal sentido, una película cuyo objetivo es entretener puede ser excelente, mientras que otra puede ser pésima. Para citar un ejemplo de película entretenida que logra su cometido con creces, podemos citar uno de los mayores clásicos del cine peruano, La Fuga del Chacal, que en su año de estreno, 1987, se volvió la película más taquillera de la historia del cine, para ser superada casi 30 años después, por Asu Mare. La Fuga del Chacal es una excelente película porque absorbe al espectador en medio de una realidad cinematográfica muy similar a la suya, con elementos propios del cine de acción, pero ejecutados de una forma tan fina que fluyen con la mayor naturalidad.


Podríamos continuar este análisis, añadiendo muchos más ejes. Sin embargo, a forma de conclusión, una cosa es clara: en nuestro país, hacer buen cine es cuestión de talento. Y eso es algo que no todos tienen.


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