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  • Foto del escritorAlison Mauriola

¡Qué seguiremos haciendo mal!

Luego de revisar los nimios primeros 39 votos –de los 87 en total para el primer paso hacia la vacancia–, me sorprendió que miembros de la oposición no hayan firmado la moción: un congresista de Avanza País, 6 de Renovación Popular, 12 de Fuerza Popular y solo Dios sabe en qué ha derivado Acción Popular, que uno ya no sabe si son oposición o no. Su capacidad de consenso la delata: la «derecha contracorriente» no ha logrado vacar al presidente, tampoco inhabilitar a la vicepresidente, ni ha colocado desde el principio en el Congreso a un presidente probo, ¿o acaso Lady Camones sí impidió que el mérito prevalezca sobre el interés corporativo? La congresista Tudela lo afirmó: «No ha habido, en los últimos 30 años [...], un partido de derecha que defienda ciertos principios con firmeza, sino que [...] ha habido una élite económica y política que ha defendido la libertad [...] en la medida que les traía ciertos beneficios». O sea, tampoco en la actualidad existe, ni existirá, a menos que el fuerte consenso de la derecha termine este círculo vicioso.



Al crear la primera Constitución, Unanue, Rodriguez de Mendoza, Sánchez Carrión, De Vidarrue, De Luna Pizarro y Xavier Mariategui debatían sobre asuntos primigenios: educación, salud, seguridad y mercado. Hoy, 200 años después, estos cuatro asuntos no están resueltos: las bibliotecas no tienen libros, en los hospitales no hay camas, los policías no están equipados, y el mercado cada vez es más informal. Si las columnas del edificio no están bien construidas, lo que ellas sostienen estará débil: el país. Alguna vez resalté lo difícil que es coincidir y lo fácil que es fragmentarse para la derecha, por tanto, esta clase política deberá superar esta falencia antes de que sea electo el antaurismo.


El peligro de no cortar este círculo vicioso es derivar en la abismo de degradación: Antauro y su autoritarismo. La política sí puede degradarse más y, junto con ella, el país entero. Es decir, el peligro de no cortar este círculo vicioso es que un autoritario se haga del poder y lo haga ilimitado. Los etnocaceristas tienen, dentro de sí, lo que los políticos de derecha o izquierda o arriba o abajo no tienen: la convicción de las ideas. Entonces, en una competencia de convicciones, los militantes de Antauro ganarían. Si tienen ellos una fuerte convicción, es porque han olvidado sus propios intereses particulares o corporativos, eso que la derecha no ha aprendido todavía.


Después de que la clase política, independientemente de su dirección política, deje de ser un grupo de individuos que buscan intereses, las consecuencias serán positivas: solidez de ideas, consistencia de partidos políticos, gobernabilidad, y eso que tanto buscó Unanue y falleció sin encontrarlo: la solución a la Educación, Seguridad, Alimentación y Gobernabilidad. Me pregunto cuán aterrado estaría Alcides Carrión si supiera que la Salud no es una solución, sino un problema por el cual se preguntan qué hacer...


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