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  • Foto del escritorSol Pozzi-Escot

Nicolás Yerovi: "Peruano que no cultiva el sentido del humor está condenado al manicomio"

29/11/2022-Diario Expreso


Nicolás Yerovi, director de “Monos y Monadas”, participó de la Feria del Libro de Barranco, que irá hasta el 30 de noviembre en la Plaza de Armas de Barranco.



Monos y Monadas” es la publicación satírica de más larga vida en la lengua española. ¿Cómo entiende el éxito de esta revista, que ha trascendido épocas y generaciones?


La verdad es que no lo entiendo, soy el primer sorprendido por el éxito de Monos y Monadas. Sin embargo, visto con algún detenimiento, algunas razones puedo encontrar.

Durante 117 años, Monos y Monadas ha venido constituyendo la versión más amable, hilarante y terapéutica de nosotros mismos. Quizás este éxito se deba a que en el Perú más que vivir, sobrevivimos, pues nos hemos sobrepuesto a toda clase de cataclismos políticos, económicos, sociales y, últimamente, sanitarios, quizás se deba a ello que los peruanos necesitamos de la ironía, del ingenio y de la travesura para reconciliarnos con nuestra historia nacional y también con la personal.


¿Es el sentido del humor lo que le permite al peruano sobrellevar las crisis que parecen venir una tras otra?


No veo cuál otra podría ser la explicación. Un peruano que no cultiva el sentido del humor está destinado al manicomio o al exilio. Hoy tenemos pocos manicomios, pero todos colmados, y cuatro millones de compatriotas residiendo en el extranjero.

La confirmación de este aserto, nuestro imprescindible sentido del humor, es la propia existencia de MONOS Y MONADAS, una publicación que ha sobrevivido, más de un siglo, sólo gracias al favor de su público que necesitaba, imperiosamente, alegrarse la vida, pues MONOS Y MONADAS al reírse de los poderosos, jamás recibió de ellos sustento económico ninguno y, por lo contrario, siempre recibió, de estos, persecuciones, decomisos, bombas, balazos, exilios y querellas judiciales interminables. Únicamente los lectores han sostenido y sostienen a MONOS Y MONADAS.


¿Cree que en algún momento de nuestra historia reciente el peruano ha perdido el sentido del humor?


¿En algún momento? En muchos momentos. Claro que sí ha perdido el sentido del humor, el dolor y la alegría son incompatibles. Así como el Perú y la lógica constituyen categorías excluyentes. Si hay lo uno, no puede haber lo otro. Lo que nos salva es nuestra rauda capacidad de recuperación ante la tragedia, y a esa recuperación contribuye, de manera sustancial, el ejercicio de reírnos de nuestra propia suerte y de nosotros mismos, con la esperanza, por cierto, de algún día conquistar el bienestar y la paz tan esquivos.



¿Qué ha sido lo que le ha parecido más gratificante dentro de su labor como director de “Monos y Monadas”?


Nada es tan gratificante como la gratitud del público, nada. Imagine usted lo que significa ir caminando por la calle y que los peatones, con sólo verlo a usted, sonrían, recordando amablemente algún momento de solaz que usted les proporcionó. No hay mayor premio para un escritor que cada una de esas sonrisas agradecidas, y esa ha sido la historia feliz de toda mi vida adulta, pues yo empecé a dirigir MONOS Y MONADAS a los 23 años y ahora tengo 71. ¿Cómo no podría hacerme dichoso tanta expresión de gratitud?

Por otra parte, es un hecho muy singular que mi abuelo Leonidas, mi padre Leonidas, mi hermano Luis Fernán y yo, hayamos vivido siempre sólo de escribir y de hacerlo sarcásticamente, riéndonos del poder abusivo, de la corrupción y de la vileza, los Yerovi ya llevamos cuatro generaciones dedicadas a este arte, pues mi hija Paloma y mi sobrina Olivia ya han publicado sus primeros libros el año pasado. Es un caso muy divertido.


Además de “Monos y Monadas” y otras publicaciones humorísticas, usted también se ha desenvuelto en el género del teatro con obras como “Titina”. ¿Qué lo motivó a adentrarse en el mundo del teatro?


Debo decir, por un lado, que las otras publicaciones humorísticas siempre han sido heterónimos de Monos y Monadas, ya que debido a hostilizaciones de rábulas y abogaduchos al servicio del poder, tuve que dejar de usar, en varias ocasiones, el nombre de Monos y Monadas.

Por otro lado, efectivamente, llevo escritas 35 comedias, 8 de ellas en verso octosílabo y consonante, muchas representadas al aire libre y con música especialmente creada para tal propósito. La culpa de ello es de Jorge Chiarella, desde 1968, y de Aurora Colina, desde 1979, ambos artistas y amigos que me persiguieron durante años para que me animara a escribir teatro. Finalmente lo hice, en 1981, y desde entonces, no he podido dejar de hacerlo. Esto, probablemente, debido al éxito rotundo y a las risas de los concurrentes que escuché desde el primer día, y al hecho de que, ante la ausencia de un protagonista yo mismo tuviera que reemplazarlo como actor. Esas carcajadas interminables me llenaron de ilusión, hasta hoy día.

¿Qué es lo que le atrajo del distrito de Barranco para ambientar “Titina” ahí?


Ocurrió que hacia el 2008 me encontré, caminando por la calle, con el alcalde de Barranco, a quien yo no conocía, y él me sugirió que escribiera el monólogo para un guía turístico, informando al público que en tal casa había vivido Eguren y en aquella otra Valdelomar; entonces yo le respondí que lo verdaderamente divertido sería que de esa casa saliera el propio Eguren, hablando en verso, y de aquella otra Valdelomar, haciendo lo mismo. Y bueno, eso fue lo que hice, dándole vida a la historia que relata un célebre poema de mi abuelo Leonidas, Mandolinata, cuya protagonista es Titina. Compuse la música para tal poema, ensayamos con un elenco de quince actores y músicos durante tres meses y luego todo sucedió. Y la comedia se representó, por aquella primera vez, dos años consecutivos.


Además, participó recientemente en la Feria del Libro de Barranco. ¿Cree que en la actualidad existen suficientes espacios de difusión cultural en la ciudad de Lima?


Habría que hacer muchísimas ferias del libro más, ¿no le parece? De repente así nuestros políticos se decidirían por aprender a leer. Hoy en día nuestros políticos son tan sólo una turba de ignaros codiciosos de poder. Aunque claro, quizás es pedirles demasiado.



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