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  • Foto del escritorSolange García

Lo difícil de ser peruano

Para explicar lo complejo que es llevar la etiqueta blanquiroja en el corazón, tenemos que tener una noción de lo que significa pertenecer a Perú y es que ser peruano es un conjunto de cosas y emociones que jamás podría terminar de explicar, pero creo que lo que más se asemeja a una descripción es ese dulce salivar que tienes cuando piensas en un cevichito con su Pilsen, es esa risa compartida con tus patas luego de no verse por meses o años, es esa indignación y sentimiento de lucha que te motiva a gritar hasta quedarte sin aire en una marcha para defender a los tuyos. Es ese grito silencioso que pide por justicia en el Perú profundo y los oídos sordos que hay en una ciudad limeña. Es curioso porque solemos hacer bromas de una Arequipa independiente, pero ahora se siente como si Lima nos dijera adiós. Ser peruano es picardía y honestidad a la vez.


Y no es fácil, pero esto no lo digo por la falta de apoyo que a veces hay, lo digo porque por más que uno lo intenta y se rodea de gente que cree tanto como tú en la pachamama que nos vio crecer y levantarnos luego de una caída en la vereda de la cuadra, aparecen cosas como el derrame de petróleo por culpa de Repsol, la Marina distraída y llena de corrupción que no da alertas de tsunami y la denuncia a Domingo Pérez por hacer su trabajo. Por solo mencionar los hechos más recientes y decepcionantes que he notado. Es difícil darse cuenta que pueden haber 50 o 10 personas que se matan todos los días promoviendo la cultura por redes, ayudando a construir una identidad nacional fuerte o los voluntariados educativos impulsados por el estado o por iniciativa de los ciudadanos jamás van a igualar el impacto que tienen en la gente tanto como una sola persona con suficiente dinero para destruir todo el esfuerzo que tomó semanas, meses o años, en menos de 24 horas.



Yo sé que para la gente promedio no le importa o simplemente no le gusta saber sobre cultura o política, sé que puede parecer tedioso, pero son pilares muy fuertes de nuestra calidad de vida y sí no cambiamos el curso que se está tomando, entonces más chicos caerán en las marchas, como Inti y Brayan; más plantones habrán en contra de una empresa egoísta, como Repsol; más exalcaldes serán vanagloriados después de morir cuando, en realidad, solo fueron otro Pizarro en un Perú moderno, como pasó con Luis Castañeda Lossio; más jueces serán denunciados por el suicidio de un corrupto, como José Domingo Pérez. Más cosas malas seguirán pasando y las personas que intentan construir algo digno diariamente, dejarán de hacerlo. Ser peruano es difícil porque mientras estás arreglando un cachito del país, otro compatriota está firmando un contrato que vulnera tus derechos.


¿Y cuánto cuesta vender a los tuyos?, ¿Qué estarías dispuesto a aceptar por dejar de lado a la sierra, la selva y parte de la costa?. ¿Muchas casas en distintas provincias?, ¿financiar la educación de tus hijos en las mejores universidades del extranjero como lo hizo Fujimori, y que ahora lo continúa la perpetua perdedora de las elecciones presidenciales?. ¿Cuál es el precio de la vida de los niños intoxicados con plomo en cerro de Pasco?.


Todo esto se podría evitar si exigiéramos más a nuestros futuros candidatos, si nos informáramos más y lucháramos por todos y no solo por los de la costa. ¿Dónde quedan los líderes indígenas que mueren defendiendo la selva que sólo visitamos para vacacionar? Un día esa selva ya no será nuestra porque nuestros hermanos están muriendo allá y en algún punto se van a cansar de ser las víctimas, no solo de las empresas corruptas, sino también de un gobierno mudo, de un gobierno que llega tarde y que no escucha. Ser peruano es difícil porque nuestro orgullo nacional solo nos alcanza para los hashtags de las fotos de Instagram y no para educarnos lo suficiente. Somos peruanos figuretis.


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