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  • Foto del escritorSol Pozzi-Escot

¿Es la libertad un concepto político?

07/01/2024 - ContraPoder (Diario Expreso)


En el corazón de la dialéctica entre la libertad política y el fracaso de las democracias, se encuentra Latinoamérica, tierra donde la gesta libertadora del siglo XIX desembocó en fallidas naciones -algunas en mayor grado que otras- donde, el día de hoy y sin distinción entre derechas e izquierdas, quienes terminan pagando la factura de los sueños políticos de algunos reyezuelos creídos mesías, son los ciudadanos. ¿Cómo entender, entonces, la libertad, en un contexto donde el devenir de la política solo demuestra la imposibilidad de tal concepto? 



En América Latina, uno de los proyectos políticos que buscaron priorizar la libertad del ciudadano y fracasaron con mayor estruendo fue el peronismo en Argentina. La libertad entendida como justicia social, donde la promoción de condiciones socioeconómicas equitativas fuera esencial para garantizar la libertad de todos los ciudadanos, brindándoles oportunidades y derechos básicos fue el sueño de esta corriente política. Participación de los trabajadores en la toma de decisiones políticas, énfasis en la importancia de la solidaridad y la comunidad para que los individuos se desarrollen plenamente dentro de una sociedad justa y equitativa, fueron tan solo algunos de los principios que terminaron siendo engullidos por el voraz y corrupto hambre de poder de la señora Kirchner y su aparato político. 


Según Jean-Jacques Rousseau, en su obra “El Contrato Social”, la libertad es la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones que afectan a la comunidad. Para él, la libertad verdadera se encuentra en la capacidad de influir en la legislación y en la formación de leyes que reflejen la voluntad general. Sin embargo, esta libertad, demostró el fracaso del peronismo, no será plenamente posible mientras dentro del hombre exista el germen de la corrupción.


Entonces, si la libertad no está en la relación fluida y abierta entre los ciudadanos de un determinado pueblo y su cúpula política, ¿dónde podría estar? 


Ciertamente, no lo está en la dictadura. El caso de Argentina también permite ejemplificar la tragedia del autoritarismo. Las violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Videla, las detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales podrán dar la impresión de orden, pero jamás albergarán libertad. 


El auge del kirchnerismo en el siglo XXI no solamente terminó por hundir la economía y la moral argentina, sino también le abrió las puertas al triunfo de Javier Milei, quien hoy, con un discurso inaugurado por Donald Trump en el 2016, promete hundir a la casta política y hacer de la libertad humana el horizonte de la política estatal. Claro está, Milei no hubiera triunfado si la gesta kirchnerista no hubiera fracasado de forma tan estruendosa y tan corrupta. 


En la doctrina libertaria destacan Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, pensadores que defienden la libertad individual como un derecho natural innegociable, abogando por la mínima intervención del Estado en los asuntos individuales. Esta perspectiva se alinea con la tradición británica que destaca la tolerancia religiosa y limita las restricciones individuales al marco legal existente, respaldada por pensadores como Hobbes, Locke y Mill. 


El análisis de la noción de libertad en un contexto político implica que esta sea observada en el plano general, es decir, la libertad como un eje central de la vida política en sociedad. Sin embargo, una y otra vez la historia latinoamericana ha demostrado que la libertad no se encuentra, necesariamente, en la organización política y social de un país con su respectivo gobierno. ¿Qué es entonces, la libertad concebida dentro de la realidad latinoamericana? 


En su ensayo "El hombre rebelde" ("L'Homme révolté"), Camus explora la relación entre la libertad y la rebelión. Considera que la rebeldía es una respuesta natural a la opresión y a la negación de la libertad. La rebelión es un acto de afirmación de la libertad individual frente a fuerzas opresoras. Camus no ve la libertad como un fin en sí misma, sino como un medio para crear significado y valores en la vida. La libertad implica la capacidad de elegir y actuar en la búsqueda de esos significados y valores, incluso en un mundo aparentemente sin sentido.


América Latina es el ejemplo vivo de cómo la libertad no se experimenta a nivel colectivo, sino a nivel individual. La libertad no vive en los gobiernos desastrosos que destruyen presentes e imposibilitan futuros, sino, brilla en las almas de todos los ciudadanos que, en medio de nuestro caos tercermundista, aún soñamos con un mejor mañana y aún avanzamos a ciegas en el oscuro camino de la búsqueda de la felicidad. No existe derecha ni izquierda, no existen mesías ni salvadores. En América Latina, cada ciudadano es su propio libertador y cada mañana es un nuevo campo de batalla. Que los políticos se peleen por futilidades, nosotros seguimos viviendo. 



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