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  • Foto del escritorDiego Adrián Reinoso Flores

Crisis diplomática: la irrupción de Ecuador en la embajada de México

La noche del 05 de abril de 2024 será recordada en los anales de las relaciones y el derecho internacional como un precedente nefasto. El gobierno de Ecuador, en una innecesaria incursión policial, vulneró la sede diplomática de México en la ciudad de Quito, con el objetivo de detener al expresidente ecuatoriano Jorge Glas. Este hecho de clara relevancia internacional nos obliga a analizar las transgresiones al orden público internacional y sus consecuencias ante esta nueva crisis en Sudamérica. 



Las relaciones de México con Ecuador no han tenido situaciones relevantes de tensión diplomática en el pasado, sin embargo, en diciembre de 2023 Jorge Glas ingresaba como huésped a la sede diplomática mexicana, luego de que fuera llamado por la justicia ecuatoriana por presuntos actos de corrupción. Glas ya tenia una condena en ejecución, fue destituido en 2018 como vicepresidente y estuvo en prisión hasta 2022, tras conseguir una prisión condicional. En marzo de 2024, Ecuador requirió la entrega de Glas, pero México se negó. 



La escalada diplomática empezó esta semana con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que hacía eco de la teoría del correísmo sobre la muerte del candidato Fernando Villavicencio, sembrando las dudas sobre el proceso electoral y la violencia desencadenada tras el ingreso de Daniel Noboa a la presidencia de Ecuador. Este indebido acto de injerencia en los asuntos internos al que nos tiene acostumbrados López Obrador, causó la reacción del gobierno ecuatoriano, declarando persona non grata a la embajadora mexicana; acto contestado por el gobierno mexicano al formalizar el asilo diplomático a Jorge Glas, minutos más tarde Ecuador informaba que no concedería el salvoconducto a Glas. 

De manera inexplicable, en la noche de ese viernes 05 de abril, las fuerzas militares y policiales ecuatorianas irrumpieron indebidamente en la embajada de México en Quito, logrando detener a Jorge Glas. De esta manera el gobierno ecuatoriano quebrantó el derecho de asilo y la inviolabilidad de una sede diplomática, escalando esta crisis a niveles impensables. 



Estos hechos son actos de confrontación que se deben analizar y criticar duramente. En primer lugar, la política exterior de México en los últimos 60 años ha sido otorgar abiertamente el asilo, al margen de la postura política de sus lideres, sin embargo, con AMLO esta tradición diplomática se ha visto desmejorada y abusada, ya que ha servido como instrumento de hostigamiento político contra sus rivales en la región, el caso de Jorge Glas no es la excepción; López Obrador ha sido el causante de confrontaciones por sus declaraciones con Bolivia, Perú y Panamá, siempre vulnerando el principio de no intervención en los asuntos internos y culminando con el debilitamiento de sus relaciones diplomáticas. 

Por otro lado, están las acciones de Daniel Noboa y el gobierno de Ecuador, quienes tomaron rápidamente acciones diplomáticas en contra de las declaraciones del jefe de Estado mexicano, sin embargo, sus últimas reacciones son altamente discutidas y condenadas. En un primer momento, la decisión del gobierno ecuatoriano de no entregar el salvoconducto para la salida de Jorge Glas, al margen de las imputaciones y las connotaciones políticas, infringe el derecho al asilo que se consagra para los países miembros de la OEA en la Convención para el Asilo Diplomático de 1954, siendo una obligación convencional incumplida por Ecuador. 

El mayor error del gobierno de Noboa es la irrupción a la sede diplomática mexicana, este hecho es una clara violación a la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961; es un acto execrable que quiebra el orden público internacional, viola las convenciones y trasgrede los principios que preservan la sana convivencia de las naciones. Ha habido quien han justificado el accionar de Noboa, alegando que son tiempos de lucha ideológica que nos llevarán a dejar las convenciones y cuestionar las normas internacionales, de este modo pretenden descontar gravedad a este hecho, siendo obtusos en sus razonamientos y opinando con supina ignorancia.  

Lo cierto es que Ecuador deberá afrontar la condena inminente de la comunidad internacional, al margen de las consecuencias políticas que afrontará su presidente, mientras llegan las sanciones internacionales por su transgresión a la Convención de Viena. Por su parte, la canciller mexicana anunció que recurrirá a la Corte Internacional de Justicia, mientras las cancillerías americanas y la OEA anuncian su repudio a la violación de la sede diplomática y a las convenciones. 

Lo ocurrido en Ecuador ha evidenciado a políticos y lideres de opinión en sus convicciones, jamás se podrá justificar un hecho execrable como este, abrir la posibilidad a estos dañinos precedentes es atentar contra el orden y la paz. Si defendemos el estado de derecho y nos llamamos demócratas, también debemos defender y preservar el orden internacional, de otro modo solo nos esperará la barbarie. 


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